
Cuando pienso en términos de blanco o negro, me observo no respetando “valorando” la belleza del opuesto.
Con su especial particularidad, que a partir del otro que parece opuesto… se puede contrastar mi singularidad en pensamientos, sentimientos, sueños, y tantas facetas más, en otras palabras “Soy”.
Por ejemplo que sería la luz sin la oscuridad, el bien sin el mal, o en términos más terrenales el gol sin la ausencia de él, o cada club deportivo sin su clásico rival.
Y doy las gracias al ballotage porteño del 24 de junio de 2007 “segunda vuelta entre Mauricio Macri y Daniel Filmus”, por haber sido una excusa en mi vida para reflexionar y ampliar mi mirada sobre el respeto, y la valida expresión única de cada uno de los dos millones de electores.
Yo tenía mi elección decidida y me interesaba influir, u podría interpretarse también como obligar la decisión de muchas personas para que se sometan a mi ¿verdad?
Y al imaginarme lo que harían esos dos millones de electores el domingo 24 de junio de 2007 las respuestas se multiplicaban “saludablemente” en mi mente. Recordando diferentes historias y motivaciones, como el voto de un ciudadano de 106 años (que podía no emitir su voto por superar el límite de edad obligatorio), y que seguía sufragando. Otros, que viajaban de lugares remotos para incluir sus puntos de vista. Algunos, que priorizaban sus familias por sobre el deber cívico de ir a votar. Una gran mayoría que repetiría su voto anterior.
Y tantas miles de respuestas más, que me invitaron a contemplar su diversidad, su unicidad y también su valor, al igual que mi opinión.
En mi interpretación a hoy, respeto es un proceso de coconstrucción con quien interactúo, que se conforma con expresiones, preguntas y respuestas claras de cada participante.
Por eso, considero esencial para que exista una relación respetuosa, la clara manifestación de cada uno de los integrantes; donde ninguno de ellos se someta a la intencionalidad del otro si no está de acuerdo.

Permitiendo de ese modo, que ninguno de los dos pueda creerse, y arrogarse saber que es lo mejor para los demás.
Por ejemplo, y a pesar que mi objetivo es contribuir en la reflexión sobre el respeto, me ayuda conocer de antemano que este pensamiento puede serle valioso, indiferente, disvalioso y otros tantos calificativos a muchos lectores.
Cada expresión o comentario, me ayuda a colorear la infinita paleta de colores entre el blanco y el negro, y contemplar a cada ser humano, como un ser único en sus preferencias.
Tales expresiones o dicho de otra manera “puntos de vista”, son indispensables y, representan un desafío y un aprendizaje para mí, a fin de apreciar y valorar la diversidad del otro.
El respetado biólogo Humberto Maturana (a fuerza de hechos científicos), expresa que “el respeto es la aceptación del otro como diferente, legítimo y autónomo.”

Es probable que si cada día que pasa comprendo un poco más que mi interpretación de los hechos no es la realidad, y así expandir mi conciencia para comprometerme a ver y reflexionar mi punto de vista con humildad.
Y deseablemente, a indagar que opina el otro, y, fundamentalmente hacerme cargo de su individualidad y como la expresa.
De ese modo, estimo que mi paleta de colores podrá ser cada día más variada, contenedora y rica de la diversidad humana y el respeto por ella.
A pesar de esto la nueva pregunta que nace en mí es.
¿Qué lugar ocupa el otro/los otros en mi vida?
